Se informa de que el proyecto de travesía ferroviaria central por el Pirineo Aragonés ha sido desestimado por las instancias políticas europeas. Ya saben, el túnel de 42 km., con pirámides y todo.
Todo aquello de convertir Aragón en una región importantísima va quedando desenmascarado (desenmasacrado). La crisis económica mundial, las opciones más boyantes de País Vasco y Cataluña, el peso nulo de la Comunidad Autónoma en los despachos de los mandamases y el declive de los proyectos superferolíticos para Zaragoza (Plataforma Logística PLAZA, Expo Paisajes, Olimpíadas) nos han hecho quedarnos en nuestro habitual lugar secundario. En lo que respecta a grandes volúmenes de comercio, transporte y flujo de dinero, Aragón y Zaragoza seguirán siendo deficitarios.
Pero todo esto tiene una clara parte positiva: las ínfulas nunca son buenas y mejorar con humildad lo que hay es mejor que tanta megalomanía. Si no se construye el túnel gigantesco y Zaragoza no crece disparatadamente, la calidad de vida será más cómoda. Y cobrará nuevos bríos la tradicional reivindicación de reapertura de la barata línea férrea Canfranc-Olorón. Una alternativa a escala humana que también permeabilizará la barrera (natural y psicológica) entre el norte de España y el sur de Francia.

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